Nuevo

El club entrerriano que es cuna de cracks.

De esta entidad que integra la Segunda de la liga local surgieron seis jugadores de la Superliga. (Nota extraída del diario Clarín)





Una ciudad del Interior que se destaca como formadora de jugadores de la Superliga es Concordia, la segunda más pobre del país. Nueve jugadores del principal torneo nacieron allí. Un porcentaje altísimo para un club que nunca participó de una Primera División y que está en la Segunda de la liga local.

Hay una expectativa grande en el club Salto Grande. No es para menos. Dos jugadores que hicieron infantiles en la institución tienen destino de venta importante al exterior en un futuro inmediato: Lucas Robertone y Marcos Senesi. Un porcentaje del pase por el derecho de formación le pertenece a la entidad entrerriana. Hasta ahora, la mayor cifra recibida por el club fue por Leonardo Godoy, cuando Atlético de Rafaela se lo vendió a Talleres de Córdoba.

Categoría 1997. En Salto Grande, estaban Senesi y Robertone.
“Cualquier venta al exterior soluciona muchos problemas económicos, más para un club del Interior”, le dice el presidente Ernesto Passini a Clarín.

Seis jugadores de la última Superliga pasaron por las formativas del club concordiense, como nunca antes había sucedido: además de Senesi (San Lorenzo), Robertone (Vélez) y Godoy (Talleres), Agustín y Erik Ramírez y Germán Guiffrey (Gimnasia La Plata).



El dato sorprende a extraños, pero no a Sebastián Garber, coordinador general del fútbol del club. “Es un proyecto que comenzó en 2006 con Lucas Marcogiuseppe. Con él llegamos cuatro profes. Después Lucas se fue a trabajar con Marcelo Bielsa y fue ayudante de Leonardo Madelón. De aquel grupo, el único que quedó fui yo”, le cuenta Garber desde Concordia a Clarín.

El vínculo con Gimnasia La Plata es Víctor Bernay, preparador físico nacido en Concordia que estuvo varios años en el Lobo y asumió como secretario de Deportes de la Municipalidad de la ciudad entrerriana.

También Vélez tiene un acuerdo con Salto Grande. Hace 10 años, eligieron a Robertone. Desde entonces, el equipo de Liniers hace pruebas cerradas y alimenta sus Inferiores. “También hay otros jugadores en Racing y en Gimnasia”, reconoce Garber.



¿Se puede relacionar la gran cantidad de jugadores de Concordia en Primera con la pobreza que alimenta tantos potreros ausentes en las grandes ciudades? Para Garber, la respuesta no es tan lineal: “Éste es un club muy social, de clase media, en el que todos los jugadores pagan su cuota social. Hay becas y los Ramírez las recibían porque no podían pagar la cuota. Eran chicos de barrio, hijos de trabajadores, que como a muchos no les sobra nada”.

Sin embargo, Passini reconoce que no se viven días fáciles. “Tenemos 1.100 socios, con una morosidad importante por la crisis económica. El club posee un puerto internacional y 15 actividades deportivas. Los servicios de luz y gas nos están acorralando (casi 150 mil pesos cada uno). No queremos usar lo que podamos recibir por las ventas para pagar las cuentas de luz y gas, sino para infraestructura”.

Y agrega: “Los clubes sociales hacemos el trabajo que no hace el Estado. Es importante que se aplique la Ley Federal del Deporte; necesitamos un paraguas que nos proteja”.